lunes, 25 de febrero de 2013

Capítulo 1 (Segunda parte)



-… igual que los sueños.

Suavemente Jimena cerró el cuaderno. Por unos instantes se sintió estúpida, Oscar no despertaría porque ella le leyese las aventuras de un personaje ficticio; pero estaba desesperada. Se sentía inútil en aquel lugar, viendo como su vida pasaba, como el verano inundaba todos los huecos y daba por terminado su primer año en la carrera de medicina. Todos en el mundo debían cumplir una función y ella se había propuesto despertarle como fuese. Según la abuela, ese tipo de sueños no eran eternos, siempre y cuando la gente supiese tocar el botón exacto.

La puerta se abrió levemente detrás de ella y la luz artificial del pasillo inundó la habitación. Un joven de unos veinticinco entró sigilosamente y carraspeó nervioso al ver la figura de Jimena ocupando el lugar que le correspondía.

-Disculpa –Dijo finalmente –Veras tengo que revisar a este paciente y  no puedo hacerlo si no te apartas –Explicó con toda la suavidad que le fue posible.

La muchacha se apartó sigilosamente y se colocó en una esquinita, de aquella manera era imposible molestarle más que un fantasma de los que circulaban por el hospital.

-¿Puedo preguntarte algo personal? –Preguntó el chico -¿Qué lazos te unen con… -Y acto seguido miró sus notas –Oscar Fuentes?
-Soy Jimena, su hermana.
-Perfecto. Veras, de haber sido su novia o algo por el estilo, tendría que haberte pedido amablemente que te fueras a hacer puñetas.

Jimena tragó en seco, pero no se atrevió a abrir la boca.

-Pero sé lo que es tener un familiar cercano en este estado –Prosiguió –Y me cuesta mucho aguantar a todas esas niñatas pijas que lloran durante tres días al enfermo y después se olvidan como si no fuese para nada con ellas.

-¿Hay muchas? –Preguntó Jimena –Novias de esas digo.
-Pues te sorprendería, la verdad, una media de tres por cada paciente joven –Admitió él –La novia, la amante y la acosadora, e incluso estas últimas se olvidan.

El doctor comenzó con su revisión, Jimena se sabía los pasos de memoria, siempre eran los mismos. Una vez acabado el chico se volvió, en su mirada podía leerse de sobra lo que pensaba “Es cuestión de tiempo que este chico se despierte”. El caso es que no lo dijo en voz alta, muchas veces las palabras que ya conocemos, tienen la capacidad de clavarse en el alma y desgárrala, hacerla jirones hasta que no quedan más que unos hilos sueltos. Sus oídos no querían más palabras de aquellas, no querían más agujeros en el alma. En los ojos de chico se leía todo, o quizás ella se había acostumbrado a leer las miradas para entender el tras fondo de las frases vagas e innecesarias que suelen decir los médicos.
En todo caso ella se sentó junto a su hermano y le tomó la mano con delicadeza. Tenía que despertar, pero no podía, algo no quería que él volviese junto a ella.

-Lo siento –Murmuró –No me acostumbro a esto.

El chico no hablo, pero se colocó tras ella y le puso la mano en el hombro. Jimena no se apartó aunque fue su primer impulso, por lo general sabía que los médicos no se involucraban tanto en los asuntos sentimentales de sus pacientes.

Finalmente se giró en redondo y abrió la puerta para marcharse. Ella no deseaba que se marchase, tenía cosas que preguntarle.

-Eres nuevo ¿No? –Aunque Jimena solía hablar a los desconocidos de Usted, le parecía raro hacerlo con un chico apenas tres años mayor que ella.
-Sí, supongo que sí.
-¿Y dónde está? El doctor habitual de mi hermano quiero decir.
-Creo que en cuidados intensivos, recién operado de una fractura de cadera. Están mayorcitos.

Y dicho esto se marchó dejándola sola. A partir de ese momento él cuidaría de Oscar, él se encargaría de luchar por traerle de nuevo y entonces ella cayó en la cuenta de que aun no conocía ni su nombre.

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