domingo, 17 de febrero de 2013

Prologo


Prologo:
Jimena estaba acostumbrándose a la nueva rutina. Despertarse por la mañana, comprender que la carga volvía a sus hombros y que el dolor no remitiría ni se marcharía de una casa llena de fantasmas. Todo se había llenado de sombras sigilosas, frías y crueles; una crueldad infinita que residía en su silencio, en su quietud.

Todo, todo tenía ahora un doble sentido: la loción para después del afeitado, el cepillo de dientes, el café sobrante que se oxidaba en una taza… Todo estaba lleno de aquella presencia, o más bien, de la falta de esta. Su madre ya se había marchado y seguramente estaría junto a la cama acariciando su mano, mostrando las fotografías de tiempos pasados y felices. Pero el no las vería, quizás oyese la voz, pero no las vería.

Se duchó rápido, se vistió rápido, vivía rápido, esa rapidez mecánica de quien sigue una rutina que le impide desmoronarse. Desayunó una tostada con mermelada y fortaleció sus venas con otra taza de café. La comida de hospitales era repugnante, llena de pesimismo y angustia. Ella no comía apenas y él lo hacía, pero un tubo que se introducía por sus venas día y noche, quizás no fuera la mejor forma de comer.

Se colgó el bolso bandolera y partió caminando hacia el hospital, ahora cargaba con un peso nuevo, un peso distinto, material y lleno de sueños y esperanzas estúpidas. Su vida, estaba tejida entre sueños, los suyos propios y el eterno de su hermano.

Cuando llegó al hospital todo estaba exactamente igual, las enfermeras de un lado a otro, los familiares preocupados sentados en las salas de espera ansiosos por recibir noticias y por último los médicos. Jimena los había admirado en otra época, todavía lo hacía, con sus batas blancas como ángeles salvadores o como fantasmas de ambulantes, según quien los mirase. Con sus prisas sus vidas ajetreadas llenas de meritos, de tensión… y aun así ¿Tanto les costaba decir una palabra de ánimo? ¿Una palmada en la espalda, una visita extra para calmar las penas del alma?

Jimena los miró con decisión, ellos trabajaban por ayudar a Oscar y ella tenía que tratarles casi con adoración. Cuando llegó a la habitación, estaba vacía. Supuso que el turno de su madre debía haber empezado ya y el estaba tumbado ahí, solo inconsciente y perdido en aquel estado imposible.
Siempre había sentido una gran curiosidad por los comas, ¿Qué sentías? ¿Qué veías? Y lo que más la obsesionaba ¿Qué oías? Pero la cruel broma del destino hizo que el que tuviese el accidente de moto fuese Oscar, que el que se quedase en coma fuese su hermano gemelo, no ella.

Desde entonces todo cambió, su madre se volvió mucho menos persona, se convirtió en un cuerpo sin vida y sin sonrisas. La nevera ya no estaba repleta como antes, solo quedaban aquellos dulces empalagosos que solo le gustaban a él y que nadie osaba tocar. Las cortinas estaban siempre cerradas y no había música rock a todo volumen escapándose tras su puerta de madera de imitación.  Tampoco había flores, todas se habían secado a principios del verano y nadie se había molestado en retirar sus esqueletos muertos y retorcidos, eran un recordatorio más del dolor.

Oscar siempre fue el alegre de la familia, el encargado de sacarles una sonrisa, de comprar churros los domingos para desayunar, de aportar su felicidad a todos. Desde que él no estaba, todo se había secado, como aquellas dichosas plantas que invadían toda la casa, desde los pasillos hasta las habitaciones.

En recepción estaba Ana, era recepcionista y la mejor amiga de su madre, Merche. Tanto madre como hija eran de tez pálida y pelo castaño claro, Merche tenía facciones más maduras, pero Jimena tenía la cara redonda y con la nariz respingona salpicada por leves pecas. Los ojos de Jimena eran de color miel y ella en sí, bajita y terriblemente delgada. Merche en cambio tenía los ojos verdes brillantes y era algo más alta con curvas y eso.

Ana la saludó con su habitual forma brusca. Era una mujer de unos cincuenta años. Era gordita e imponente, todo en Ana era imponente Mientras que otras recepcionistas compartían y se turnaba el espacio, la ventanilla de Ana era solo la ventanilla de Ana. La tenía decorada con una foto donde salían sus hijos de pequeños en el día de la madre. Tapando la parte donde debía salir su marido había una enorme foto de George Cloney. En el poyete descansaba una especie de muñeca de porcelana con forma de bruja que según ella traía buena suerte. Todo lo demás estaba impecable, los papeles ordenados por fechas y alfabéticamente, todo en uno, los lápices medían exactamente igual y jamás, jamás se le pasó un solo paciente, jamás. Ana era una especie de leyenda, levaba allí desde que fundaron el hospital (cosa que solo se repetía con un par de médicos) y no tenía reparos en gritar a quien necesitase un repaso.

-Nena, tu madre me ha pedido que te avise –Anunció con su portentosa voz –hoy coge horas extras, necesitan gente en cardiología, asique llegará tarde.

Jimena asintió y siguió el pasillo que tan bien conocía. Se sabía de memoria el número de baldosas, de manchas en las paredes, de pasos que había que dar para llegar a la habitación…
Entró en silencio, era casi como si temiese despertar a quien la esperaba dentro, claro que eso era justo lo contrario de lo que quería. Tomó la silla blanca de plástico barato y se sentó a su lado. El pecho de Oscar se elevaba lentamente acompasando su respiración, su pelo negro se esparcía por toda la almohada.

“Tiene que cortárselo” Pensó para sí, luego  recordó que no podía ni mear solo, mucho menos cortarse el pelo.

Sacó el cuaderno del bolso y se lo apoyó en las rodillas.

-Mira –le susurró- lo he traído, lo he traído para ti, para que lo leas.

El silenció inundó la habitación, un silencio que debería haber estado ocupado por la respuesta de Oscar, pero la respuesta no llegó.
-Tenías ganas de leerlo ¿No? –Dijo con un tono algo más alto –Oscar ¡Por Dios dime algo!

Las lágrimas estallaron en sus ojos de almendra y se apoyó en el pecho de su hermano. Después se retiró, no había ido allí a desmoronarse, jamás delante de él.

Abrió el cuaderno y rozó con las yemas de los dedos la primera página, le costaba empezar, nunca lo habría leído en voz alta.

“Siempre hay una primera vez” Pensó para sus adentros y por fin, las palabras fluyeron.




Espero que este prologo os haya gustado. Antes que nada quiero dar las gracias a Yaiza Vellón por crear este bog :) GRACIAS. A María Marquez que leyó los primeros capítulos y se enamoró de los personajes. A Ana Escritora por animarme a escribir y a Fer por ser el primero en leer el primer fragmento que escribí y animarme (Creo que ni se acuerda porque era por la mañana y le desperté o algo así) MIL GRACIAS
Pero sobre todo Gracias a todos aquellos que leen esto, espero que disfrutéis leyéndolo tanto como yo disfruté creándolo.. No es una historia cualquiera, al menos no para mi.

2 comentarios:

  1. ANAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA :'''''DDDD

    Dios mío, tenía esta página abierta desde que me la pasaste (sí, no he cerrado el ordenador desde ese día, para no olvidarme de que debo leerme tu blog). Y HOY POR FIN HE LEÍDO EL PRÓLOGO, Y CREO QUE VOY A POR EL CAPÍTULO 1 *-*
    Es MUUUUUUUUUUUUUUUUY triste TT^TT Oscar me ha caído bien aún sin haber hablado, de verdad. Por las descripciones que has dado de él, creo que nos llevaríamos bien :'')
    OBSERVACIÓN: ADORO tus metáforas xD Lo de las plantas marchitas es todo un puntazo... me ha encantado *-* Es como que metes bien al lector en el ambiente, añadiéndole simbolismos. ¡GENIAL!:D

    OMGOMGOMGOMGOMGOMGOAGMASDJFASDPFIADS
    :'''''''''DDDDD NO SABES CÓMO ME HE PUESTO AL LEER MI NOMBRE ALLÍ, AL FINAL *^^* Owwwww, gracias a ti, de verdad<33 ^^

    ¡Te quiero!
    ¡Besos!<33

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  2. Jajajaja estrenas los comentarios (creo k seras la única)
    OOOOOOOOOOOO GRACIAS :)
    Bueno lo de las plantas la verdad es k me salió porque mi tree se está muriendo (es una conifera k se resiste a morir porque o la sobre riego o la dejo a sequía un mes).
    Después procuraré que no sea tan triste, no es cuestión de deprimirnos aquí a lo masoca XD
    Capitulo 1 em? em? Jajajajajajajaja
    Oscar es... le amaras más cuando descubras que sí que actua y mucho :)Pero mi favorito es... más adelante sale :)
    Por cierto, es malo dejar el ordenador encendido -.- que se sobre calienta y luego arde todo (mira que melodramática que me pongo XD)

    Lo del nombre no es nada XD.
    Se te quiere :)

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